jueves, octubre 22, 2026
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    Carta Abierta al presidente Javier Milei: qué significa “no llegar a fin de mes”

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    Señor Presidente de la Nación, Javier Milei:

    Nos dirigimos a usted con absoluto respeto por la investidura que representa y con la intención sincera de aportar una mirada sobre una expresión que en los últimos días ha ocupado buena parte del debate público: “no llegar a fin de mes”.

    Durante su reciente exposición en Neuquén, usted se preguntó: “Si se quedan sin plata verdaderamente al día 20, ¿me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber?”. Posteriormente volvió sobre el mismo razonamiento en sus redes sociales.

    Permítanos, señor Presidente, intentar responderle.

    Tal vez el problema esté simplemente en qué entendemos por “no llegar a fin de mes”.

    Podemos incluso expresarlo en términos estrictamente contables: una familia no llega a fin de mes cuando sus ingresos mensuales resultan insuficientes para afrontar la totalidad de sus gastos, obligaciones y vencimientos durante ese mismo período, manteniendo el nivel de vida que tenía hasta entonces.

    No significa necesariamente que el día 20 desaparezca todo alimento de la heladera ni que durante los últimos diez días del mes una persona deje de comer o beber.

    Significa, muchas veces, empezar a resignar.

    Imaginemos una conversación bastante habitual:

    —Amor, vamos a tener que cambiar de obra social. La que tenemos aumentó demasiado y, aun sumando nuestros dos ingresos, ya no podemos pagarla junto con todos los demás gastos.

    Esa familia continuará comiendo durante los treinta o treinta y un días del mes. Seguirá pagando la luz. Tendrá agua. Probablemente conservará incluso alguna cobertura médica.

    Pero ya no pudo sostener con sus ingresos aquello que hasta entonces formaba parte de su presupuesto familiar. Debió resignar calidad en una cuestión tan sensible como la atención de su salud para conseguir que las cuentas cerraran.

    Eso, señor Presidente, también es no llegar a fin de mes.

    Pensemos en otra conversación:

    —Este mes tenemos que sacar a nuestra hija de natación. Entre la cuota del club, el transporte y la indumentaria, no podemos seguir pagando todo.

    Esa niña seguirá comiendo. Tendrá agua para beber. Irá a la escuela. Su familia continuará funcionando.

    Pero tuvo que abandonar una actividad deportiva porque los ingresos de su hogar dejaron de ser suficientes para sostenerla.

    Eso también es no llegar a fin de mes.

    Puede ocurrir con el cine, con un libro, con una salida familiar, con las vacaciones, con una plataforma de contenidos, con el gimnasio, con una actividad cultural, con el colegio de los hijos o con cualquier otro gasto que hasta hace poco formaba parte de la vida cotidiana.

    Podrá decirse que algunas de esas cosas no son indispensables para sobrevivir. Es cierto.

    Pero una sociedad no puede medir exclusivamente su bienestar preguntándose si sus ciudadanos todavía consiguen comer y beber. Vivir es bastante más que sobrevivir.

    Existe además otra forma, cada vez más frecuente, de llegar trabajosamente al último día del mes:

    —Con nuestros dos sueldos no alcanza. Cuando termine mi jornada voy a empezar a trabajar algunas horas como chofer de una aplicación.

    Esa persona finalmente llegará al día 30.

    Pero habrá llegado porque debió extender su jornada laboral, sacrificar descanso, tiempo con sus hijos, ocio o vida familiar para conseguir los ingresos adicionales necesarios para pagar las mismas obligaciones que antes afrontaba con su trabajo habitual.

    También estaba sin llegar a fin de mes. Lo que hizo fue trabajar más para conseguir llegar.

    Otras familias utilizan la tarjeta de crédito para comprar alimentos. Algunas refinancian el resumen. Otras postergan un vencimiento para pagar otro. Algunas recurren a sus ahorros. Otras piden dinero prestado a un familiar. Muchas dejan una cuenta para el mes siguiente.

    Y todas ellas pueden seguir comiendo y bebiendo.

    Porque no llegar a fin de mes no es necesariamente llegar al día 20 con cero pesos en el bolsillo.

    Es comprobar que el ingreso disponible no alcanza para cubrir las obligaciones del mes y verse obligado, en consecuencia, a resignar consumo, prestaciones, ahorro, tiempo, patrimonio o calidad de vida; a endeudarse o a generar nuevos ingresos para cerrar las cuentas.

    Y desde allí, señor Presidente, comienza una pendiente mucho más dolorosa.

    Primero se abandona una salida. Después una actividad deportiva. Luego se cambia la cobertura médica. Se posterga la compra de ropa. Se deja para más adelante un arreglo de la casa o del automóvil. Se reducen ciertos alimentos. La carne vacuna se reemplaza por alternativas más económicas. Después también se reduce el pollo o el cerdo. Se deteriora progresivamente la calidad de la dieta.

    Hasta que, en los hogares más golpeados, aparece aquello que usted planteó como límite: saltear una comida.

    Pero ese es el último escalón de una larga cadena de privaciones, no el primero.

    Por eso, señor Presidente, cuando alguien dice “no llego a fin de mes”, quizá no esté formulando una categoría académica ni una ecuación económica perfecta. Está utilizando una expresión cotidiana para describir algo mucho más sencillo y profundamente humano:

    “Con lo que gano ya no puedo sostener mi vida y mis obligaciones como podía hacerlo hasta ahora.”

    Eso es lo que significa.

    Con todo respeto, señor Presidente, quizá valga la pena acercarse un poco más a esas conversaciones. Con respeto y sincero deseo que a nuestro país le vaya bien.

    La presente Carta Abierta, surge de la conversación entre los periodistas Mariano Arancibia y Diego Subirada, en el programa Perros Guardianes.

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